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Jesús nos invita a identificar y permanecer en Su hogar

 

 

Buenos días, feliz sábado y muchas bendiciones. 

El evangelio de hoy (Lucas 2: 41-51) es una historia sobre crecer, pero no es el crecimiento de Jesús. Se trata de María y José creciendo. Se trata de que tú y yo crezcamos. Crecer no se trata de la edad que tenemos. Realmente se trata de entrar en relaciones más profundas y auténticas con Dios, nuestro mundo, entre nosotr@s y con nosotr@s mism@s.

Podríamos decir que en esta historia supuestamente Jesús estaba perdido y María y José salieron a buscarlo. ¿Dónde lo encuentran? En el templo En otras palabras, Jesús está perdido dentro del templo. Todo esto me hace pensar en cuántas veces perdí a Jesús dentro del templo y lo encontré nuevamente dentro del templo.

Mirando a Jesús y viendo a su bebé, María pregunta: "Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira, tu padre y yo te hemos estado buscando con gran ansiedad. Y Jesús responde: “¿Por qué me estabas buscando? ¿No sabías que debo ocuparme de los asuntos de mi padre? Estas mismas preguntas nos enfrentan esta semana con María y preguntamos: "¿Por qué nos has tratado así?" Nos preguntamos a nosotr@s mism@s; le preguntamos a nuestras familias. Le preguntamos a la iglesia y le preguntamos a Dios, cuando nuestras expectativas se hacen polvos.

Y Jesús responde: "¿Por qué me estabas buscando?" Sabemos a dónde se fue Jesús. Se trata del negocio de su padre. Pero no estamos list@s para dejar nuestras expectativas y dar nuestro Jesús a Dios. No estamos list@s para aceptar que Jesús no vino a cumplir nuestras expectativas. No se lo puede encontrar en el sentimiento por la forma en que solían ser las cosas o por la forma en que deseamos que sean las cosas. Jesús es sobre el futuro.


Crecer espiritualmente implica abandonar nuestra zona de confort, dejar ir lo que es seguro y familiar, y mudarnos a un lugar más grande, al lugar de Dios. Esta liberación es un desapego necesario si queremos crecer en el amor y la semejanza de Cristo. Significa que debemos abandonar nuestras pequeñas casas. Tod@s vivimos en muchos hogares diferentes. Hogares de miedo, ira y prejuicio. Casas de dolor y pena. Hogares en los que nos han dicho o convencido de que no importamos, que no somos suficientes, inaceptables o no amables. Hogares en los que hemos sido o seguimos siendo heridos o heridas. Hogares en los que hemos abandonado o abusado a otr@s. Hogares de indiferencia y apatía. Casas de pecado y culpa. Casas de chismes, envidia, orgullo.

 

Cada un@ de nosotr@s podría nombrar los diferentes hogares en los que vivimos, hogares que mantienen nuestra vida pequeña, nuestras visiones estrechas y nuestro mundo vacío. El problema es que a veces nos hemos vuelto demasiado cómodos en estos hogares. No son nuestros verdaderos hogares. No son el hogar que Dios nos ofrece. Puede que tengamos que pasar por ellos, pero no tenemos que quedarnos allí.


Jesús dice que no solo hay otro hogar para nosotr@s, sino que nos invita, nos guía y nos hace crecer en ese hogar. Entonces, me pregunto cuáles son las pequeñas casas en las que vives. ¿Cómo han atado tu vida, sofocado tu crecimiento y te han alejado de la casa de Dios? ¿Qué podría tener que dejar para crecer y mudarme a un lugar mejor? Esas pueden ser preguntas difíciles, preguntas dolorosas. En última instancia, sin embargo, son preguntas fundadas en el amor.


Bendiciones


Padre Luis +

Date news: 
Saturday, June 20, 2020 - 18:15