Holyrood Church 715 West 179 Street, Upper West side Manhattan, USA, 212-923-3770 mzepeda@holyroodsantacruz.org

Acerca de nosotr@s

La Iglesia Holyrood es una congregación 501 (c) (3) exenta de impuestos en la Diócesis de Nueva York, que forma parte de la Iglesia Episcopal y de la Comunión Anglicana mundial. La Iglesia Holyrood es una congregación de la Diócesis de Nueva York que forma parte de la Iglesia Episcopal y de la Comunión Anglicana mundial.

La Iglesia Holyrood (Holyrood significa "Santo Crucifijo" o "Santa Cruz") fue fundada como una congregación episcopal protestante en 1893 por el Reverendo William Oliver Embury, quien fue capellán de la Casa de refugio para niñas problemáticas y administrado por las Hermanas de Santa María en Inwood Hill Park. En 1895, una iglesia de estilo rural con una torre diseñada por R.D. Chandler fue construida en Broadway superior en lo que hoy es la calle 181.

El 16 de noviembre de 1901, la iglesia participó en la dedicación de la placa conmemorativa de Fort Washington. Esta placa se encuentra en el lado del Parque Fort Washington de Bennett, ubicado en Fort Washington Avenue entre las calles 183 y 185. La campana en la Casa Parroquial refleja la historia de la Guerra de Independencia con una cita: "En el campo de batalla, donde cayeron los enemigos, el glorioso relato de paz que cuento".

Para 1910, el área se había vuelto más densamente poblada, y se construyó una nueva iglesia en la esquina noreste de la avenida Fort Washington y calle 179. Diseñada en estilo gótico por Bannister & Schell, la iglesia terminada abrió sus puertas en 1914.

En el momento presente somos la Iglesia Santa Cruz / Holyrood Church, una comunidad multicultural, multirracial, multiétnica y multigeneracional de personas que se congregan para adorar en tres idiomas; inglés, español y lenguaje de señas (ASL).

Entendemos que este es un momento de nuevos comienzos, lleno de infinitas posibilidades para redescubrir a Dios en y entre nosotr@s, y para volver a comprometernos perpetuamente, como iglesia, a profundizar nuestras responsabilidades individuales y colectivas frente a todos los desafíos que enfrentamos, tanto en lo temporal como lo recién emergente. En este trabajo que da vida y lo sustenta, el Libro de Jeremías nos inspira a movernos (29:11): “Porque yo sé los planes que tengo para vosotros” —declara Dios— “planes de bienestar y no de calamidad, para darles un futuro y una esperanza.

Guiad@s por esta luz moral profética, visualizamos y practicamos nuestra iglesia como una de conexión, apertura y reafirmación continua. A través de estas visiones y prácticas, invocamos y revitalizamos nuestra antigua vocación humana de reciprocidad y cuidado, y apoyamos expresiones emergentes de amor, respeto, compasión, justicia, misericordia, belleza y fe liberadora entre aquellas personas con quienes nos congregamos, entre tod@s en la comunidad cuyas relaciones y bienestar atesoramos como preciosos e interdependientes, y con nuestro planeta compartido que nos ha honrado y confiado como sus administrador@s.

Nuestra misión es radicar una iglesia en medio de todos los pueblos, en sintonía con el Dios que nos libera, y que nosotr@s, al congregarnos, podemos liberar. Este es un Dios de inminente transformación y acontecer, un Dios que recibimos en y a través de nuestra presencia entre nosotr@s, y un Dios cuya presencia revela a la Iglesia Santa Cruz / Holyrood Church como una iglesia de todas las personas. Nos esforzamos por mantener este trabajo de la iglesia de todas las personas invitando y dando la bienvenida a todas las personas, y abriéndonos al placer, la alegría y la vulnerabilidad que podemos experimentar cuando una querida hermana o hermano acepta nuestra humilde invitación.

Comenzamos reafirmando a la Iglesia Santa Cruz / Holyrood Church como una casa santuario para personas que desafían los problemas del diario vivir.

Como iglesia de todas las personas, especialmente aquellas encarnaciones de una humanidad compartida considerada como problemas, declaramos con lucidez y solemnidad que somos una iglesia santuario. Una iglesia santuario es un espacio de liberación donde aquellas personas que se congregan comparten apoyo y protección espiritual, moral, emocional, psicológica, social, cultural, financiera, material, política y legal con cualquier persona que experimente la violencia, el sufrimiento, el dolor y el temor de la deshumanización. Dinámicas de opresión, explotación y exclusión. Reconocemos que estas dinámicas siembran semillas de división y desconfianza, apuntan a l@s más vulnerables, y con frecuencia aparecen como racismo, etnocentrismo, clasismo, discriminación contra personas discapacitadas; heterosexismo, sexismo, patriarcado, nativismo, discriminación por edades, consumismo, elitismo, colonialismo, autoritarismo, y otros demonios.

En estas prácticas de cultivar y sostener el santuario, nos abrimos a ser transformad@s, y reconocemos la apertura de las demás personas hacia las posibilidades y los procesos de mutua conversión. Las relaciones de salud, interconexión y cuidado son la encarnación que emerge continuamente de los espacios del santuario, a través de los cuales aprendemos a trabajar en concierto para generar los futuros visionarios cuya existencia se hace posible cuando nos abrimos l@s un@s a l@s otr@s. Nuestra fe está en nuestra capacidad compartida para unir a una iglesia saludable y a una sociedad saludable como un tejido de santuarios. En nuestra teología pastoral, entendemos que la preocupación fundamental de Dios es la humanidad. Una fe duradera en Dios debe, como resultado, consistir en dimensiones espirituales, sociales, históricas, políticas, emocionales y culturales, entre otras.

La fe, la esperanza y el amor siempre han requerido riesgos, tanto más en momentos como el presente perenne, embarazada con posibilidad e incertidumbre. Por lo tanto, es con el compromiso más profundo e inquebrantable de practicar la fe, la esperanza y el amor en nuestras vidas individuales, interpersonales e institucionales, que nos apoyamos mutuamente para enfrentar estos riesgos con coraje, determinación, consuelo y alegría. La indiferencia ante el dolor y el sufrimiento de las demás personas o de nosotr@s mism@s es un pecado capital. Nos inspiran las palabras proféticas de nuestro San Romero de América: una iglesia que no provoca ninguna crisis, un evangelio que no perturba, una palabra de Dios que no se pone debajo de la piel de nadie, una palabra de Dios que no toca el pecado real de la sociedad en la que se está proclamando: ¿qué evangelio es ese?