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Aprende a tomar riesgos

Buenos días, felices miércoles, muchas bendiciones.

 

El Evangelio de hoy (Lucas 19: 11-28) presenta la parábola de los talentos en la que Jesús habla de los dones que las personas reciben de Dios. Todas las personas tienen algunas cualidades; reciben algunos dones o saben algo que pueden enseñar a otr@s. Nadie es solo un alumno o alumna. Nadie es solo profesor/a. Todos aprendemos un@s de otr@s.

 

Reconozco que esta es una parábola desconcertante. Hay dos historias paralelas. Primero, la hostilidad entre el rey y l@s ciudadan@s que quieren deshacerse de él. En segundo lugar, las interacciones entre el rey y sus esclav@s. Est@s últim@s reciben la mayor atención. El propio rey es avaro, tiránico y cruel. Su única cualidad positiva es su disposición a recompensar la lealtad y la iniciativa de sus esclav@s.

 

Es difícil ver qué luz arroja la parábola sobre la naturaleza del reino de Dios (que es lo que la introducción nos lleva a esperar). ¿Podría estar enseñando que nuestro servicio a Dios no debe ser rencoroso o temeroso, sino generoso, imaginativo y proactivo? Necesitamos estar dispuest@s a correr riesgos al responder al mandato de Dios. Debemos estar dispuest@s a "perder la vida" para "encontrarla".

 

Hoy se nos pide que reflexionemos sobre los dones especiales que Dios nos ha dado a cada un@ de nosotr@s y cómo los estamos usando en beneficio de nuestros hermanos y hermanas necesitad@s. Yo me pregunto; ¿dónde invertimos nuestros dones y talentos?

 

La parábola de los talentos nos recuerda que nada puede excusar la inactividad. Debemos vivir nuestras vidas con una energía que no se centre en lo que consideramos nuestro valor, sino en lo que puede ser. El hecho de que hayamos caído una y otra vez en el viaje de nuestra vida no nos permite detenernos, y mucho menos detenernos por completo. El fracaso no es necesariamente la pérdida de lo que se nos da, sino la falta de esfuerzo para aumentarlo.

 

El mensaje es claro: cuanto más invirtamos, más ganaremos. No podemos quedarnos quiet@s o simplemente aferrarnos a lo que tenemos. La única forma de ganar es dejar ir, dar y compartir. Buenos ejemplos de esto serían San Francisco de Asís o la Madre Teresa. Esta no es una forma de pensar popular cuando muchos sienten que la vida consiste en acumular más y que la seguridad está en tener. Pero el evangelio nos dice otra cosa. Este nos dice que no es acumular sino compartir lo que genera riqueza, pero, la riqueza que realmente importa: libertad, seguridad y paz. ¿Es esto cierto para mí?

 

Jesús busca personas en las que pueda confiar para que se arriesguen, a veces incluso de forma imprudente. Las personas cobardes nunca construirán el Reino. Durante su último encuentro con sus apóstoles, les dijo que llevaran el Evangelio a todo el mundo, una misión imposible si alguna vez la hubo. Sin embargo, sabía a quién había elegido, porque ellos hicieron precisamente eso, corriendo grandes riesgos para difundir el Evangelio. Pido la gracia de ser generoso en mi respuesta a la generosidad de Dios hacia mí.

 

Hermanas y hermanos, les invito a reflexionar hoy sobre estas preguntas: En nuestra comunidad, ¿tratamos de conocer y valorar y apreciar los dones de cada persona? A veces, los dones de las demás personas provocan celos y competitividad en otras personas. ¿Cómo reaccionamos? En nuestra comunidad, ¿existe un espacio donde las personas puedan mostrar o manifestar sus dones?

 

Bendiciones

 

Padre Luis +

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Miércoles, Noviembre 18, 2020 - 09:30